¿Por qué leer Pura pasión (Passion simple, 1991) de Annie Ernaux?
Publicada en 1991, Pura pasión reconstruye la relación que Annie Ernaux mantuvo con un hombre casado, un diplomático extranjero en el libro conocemos como A. Él importa poco, Ernaux no está interesada en contar una historia de amor ni en descubrir quién era aquel hombre sino que pone la pluma al servicio de la observación y observa qué sucede cuando el deseo por otra persona ocupa todo nuestro tiempo y espacio. Durante meses, su vida queda reducida a esperar una llamada, preparar un encuentro, recordar el anterior y volver a esperar. Una mujer adulta, culta e independiente contempla cómo su voluntad queda suspendida ante la pasión.
Quizá esa contradicción sea lo que más me interesó antes de empezar a leer el libro. En la contraportada de mi edición se habla del «febril y devastador desvarío que cualquiera puede haber experimentado alguna vez en su vida».
Desde septiembre del año pasado no he hecho más que esperar a un hombre: he estado esperando que me llamara y que viniera a verme.
Pura pasión está contenido en esa frase. Ernaux trabaja, viaja, compra, lee, ve la televisión, se relaciona con otras personas, pero esas acciones parecen haber perdido su finalidad propia. El tiempo solo adquiere sentido en relación con A.: el encuentro que acaba de suceder o el próximo que quizá suceda. Más que una historia de amor, Pura pasión es una historia sobre la espera.

Y aquí aparece una Ernaux que me resulta más difícil que la de El acontecimiento. Allí sentí muy pronto la necesidad de seguirla, de acompañar a aquella joven que buscaba desesperadamente una salida a un embarazo no deseado en la Francia de 1963. En Pura pasión esa identificación me resulta más esquiva. Quizá porque Ernaux tampoco parece buscarla. No pide que comprendamos su comportamiento ni intenta presentarnos una versión digna o razonable del personaje. De hecho, una de las decisiones más radicales del libro consiste precisamente en no explicar la pasión. Ernaux observa su propia conducta casi desde fuera. La espera junto al teléfono, los preparativos antes de que él llegue, la incapacidad para concentrarse, los celos, el deseo sexual, la interpretación obsesiva de cualquier gesto. No intenta averiguar por qué se comportó así ni convertir aquella relación en una enseñanza.
Seguramente este detalle es lo que hace de Pura pasión un libro provocador cuando apareció en Francia en 1991. No era especialmente novedoso que la literatura hablara de adulterio o deseo. Pero si era novedoso que el sujeto narrativo fuera una mujer madura e intelectualmente independiente exponiendo hasta qué punto había subordinado su vida a la disponibilidad de un hombre casado. La recepción fue muy distinta de la que años después tendría El acontecimiento. Pura pasión causó revuelo y encontró también una crítica incómoda ante esa combinación de confesión íntima y escritura casi clínica.
Hay algo que me interesa especialmente después de haber leído El acontecimiento. Ernaux vuelve a hacer de sí misma objeto de investigación. En El acontecimiento reconstruía un aborto clandestino; en Pura pasión intenta capturar algo mucho menos excepcional, ese momento en la que otra persona adquiere una importancia completamente desproporcionada en tu vida. No sé todavía si Pura pasión me dejará la misma huella que El acontecimiento. Por ahora sigo contemplando esa pasión despojada de dignidad que Annie Ernaux nos sirve en bandeja en esta obra.
